Luego del mínimo efecto protector o regenerador, en el plano socio-ambiental, de la difusión de las prácticas ecológicas de los años ochenta, desde hace poco más de un lustro, como si fuera una moda, con frecuencia se suele decir -e insistir- que “la Arquitectura debe ser sostenible” lo que, por definición, es un absurdo “pleonasmo, (“expresión en la que aparecen uno o más términos redundantes”), porque una de las condiciones consustanciales al hecho arquitectónico es el principio del “firmitas vitruviano” (de Marcus Vitruvius Pollio, arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano del siglo I a. C.), porque si “la Arquitectura no se “sostiene” no puede existir”…
Complementando lo anterior, extraigo una muy clara valoración comparativa entre los términos “sostenibilidad” y “sustentabilidad” del primer volumen de la serie de monografías:  “Ciudad y sustentabilidad” del Dr. Carlos Mario Yory (Editorial de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Piloto de Colombia, Bogotá, Octubre del 2004, pp 23-24):

“Es de aclarar que, “al decir” latinoamericano, hablamos de sustentabilidad y no de sostenibilidad (denominación europea) ya que, si bien ambos conceptos aluden a lo mismo, es decir, al equilibrio socio-ambiental como pauta y patrón del desarrollo, el uso que se hace de ellos, varía según el enfoque del contexto geográfico y, ¿por qué no? político, dónde se apliquen.
Para Latinoamérica, es claro que de lo que se trata es de “sustentar”, sinónimo de “alimentar”, “cuidar” y, en alguna medida, “hacer crecer” en el sentido de madurar; para Europa, el asunto pasa por la idea de “sostener”, “preservar, en última instancia, “mantener”; es decir, insistir en la perpetuación del modelo actual, como lo demuestra la definición de desarrollo sostenible que aparece en el Informe Pearce: “que cada generación entregue a la siguiente un fondo de capital y un fondo total de recursos naturales, al menos, igual del que ha recibido de la anterior.”
De este modo, si bien la proximidad de los dos conceptos, lleva a hablar de cosas parecidas, para aludir a una misma preocupación, las diferencias son tanto más sensibles, cuanto diferentes tendrían que ser las políticas a aplicar, en uno y otro caso”

Es claro que, por muchísimas razones, en especial por nuestra dependencia ideológico-técnica, importada o copiada de contextos de mayor avance e impacto transnacional, así como por nuestra débil capacidad de innovación, tendemos a apropiarnos de conceptos aparentemente inocuos, sin valorar que, no es posible segregar las implicaciones políticas, inherentes a los mismos.

Ante esto, como la organización gremial que, históricamente asumió el liderazgo y el desafío de armonizar o mitigar el impacto de su actividad productiva en el ambiente, como Colegio de Arquitectos de Costa Rica debemos contribuir a trasmitir coherencia ética en nuestro mensaje, tanto como acción como en la educación que debe derivarse de su proyección y pensamiento: siendo la Arquitectura, la disciplina responsable de la construcción de una mejor calidad de vida para todos nuestros pueblos, ineludiblemente debe estar basada en sólidos criterios de “sustentabilidad,” definida ésta, como la “aplicación de todas las iniciativas que contribuyan a reducir o eliminar la inequidad socio-ambiental que caracteriza a todos sus grupos humanos y culturas” (ASV).

¿Vamos entonces, a seguir contribuyendo al “problema” en vez de alcanzar una solución sustentable y definitiva?

Arq. Abel Salazar
Co-fundador del Consejo de Construcción Verde de CR
y Expresidente del Colegio de Arquitectos de CR