El 7 de febrero del 2013, escribí una reseña sobre el Concurso de Anteproyectos Arquitectónicos para el Edificio de la Asamblea Legislativa, en el que resultó el seleccionado como ganador, el Proyecto Mora (Una Lección de Arquitectura y Democracia)
– Éste fue, sin duda, un acto premonitorio, ya que este año (2014) estamos celebrando el Bicentenario del Nacimiento de nuestro Libertador: Juan Rafael Mora.
[Como nota al margen, no deja de sorprender que el nuevo Jerarca, Luis Guillermo Solís, en el actual gobierno, ordenara quitar su retrato para colocar el de José M. Castro, su principal detractor y enemigo político, en un proceso que condujo a su derrocamiento y ulterior asesinato. El mismo con cuyo nombre se ha denominado la ruta 27. ¿Será coincidente la cuota de sangre que la misma registra]

Volviendo a nuestro tema inicial, un año y medio después de las más enconadas discusiones sobre nuestra Arquitectura y Patrimonio, el Arq. Álvaro Rojas, presidente del Jurado en dicho Certamen, publicó en las redes sociales (FB) un profundo análisis que, reedito aquí con su autorización:

La “teoría de composición urbana” de “aplastar visualmente”, aparentemente, se utiliza a conveniencia de quien la “necesita.” Algo así como lo que le decía Il Postino a Neruda sobre la poesía. En varias reuniones en la Asamblea Legislativa a las que me han invitado en los últimos meses, por haber fungido como Presidente del Jurado del concurso de anteproyectos para el nuevo edificio del Congreso, he manifestado que para todos los siete miembros interdisciplinarios (arquitectos, ingenieros, otros) del Jurado, la propuesta que ganó el concurso es, entre otras ideas constructivas, muy positiva para la ciudad e inteligente en cuanto al uso de las propiedades de la Asamblea. Es, claro, innovadora en nuestro medio urbano y cultural, pues en otros lugares del mundo se ha recurrido a ideas similares, nadie ha negado eso. Ya hemos visto varias que diferentes personas han publicado en sus páginas de FB. Pero, en mi H.O., aparte del concepto de “puente” a una prudente altura sobre algunos de los viejos edificios, entra en relaciones muy similares a las de muchos edificios que llegan a las ciudades introduciendo cambios “fuertes”, al menos por algunos períodos de tiempo mientras las ciudades crecen y se desarrollan. El edificio del INS, por ejemplo, circa años 60-70 del siglo anterior, entró a un barrio repleto de edificios históricos y todos de muy baja altura y de usos completamente diferentes. Es más, llegó a un barrio eminentemente residencial en aquellas épocas. Aún hoy, tiene una escala muy diferente (grande, comparativamente) a las de edificios como la Escuela Buenaventura Corrales o la Casa Amarilla. En este par de fotos que tomó Sylvia Fournier esta tarde se puede ver lo “aplastante” que es el edificio respecto a sus vecinos. Sin embargo, así se construyen las ciudades. Si se prohibieran, en caso de que se buscara una ciudad “museo” (cosa que es imposible en San José por la poca o dudosa calidad de la gran mayoría de los edificios, nuevos o viejos), entonces las instituciones, organizaciones y empresas que necesitan edificios grandes (por su programa espacial) terminarían todos en lugares como Lindora (o Zapote), expandiendo el maligno virus de suburbia, debilitando aún más la ciudad y su repoblamiento, siguiendo conductas de planeamiento absolutamente insostenibles desde todo punto de vista. Así que tendremos que aprender a aceptar más ideas nuevas de hacer ciudad. No entro en otros detalles, porque harto se han explicado y conversado. Rara vez un proyecto innovador es entendido y aceptado de buenas a primeras. Ejemplos sobran: la Torre Eiffel, el Centro Pompidou y la Pirámide del Louvre, todos en la, sí, histórica París. Éstos crearon “roncha” es sus espacios históricos y algún tiempo después llegaron a ser amados por los parisinos.

Finalmente, otro comentario. He oído por ahí que se han dicho muchas cosas, incluso insinuaciones irrespetuosas y poco profesionales sobre el Jurado (y algunas dirigidas a mi….)…que, repito, lo conformamos siete personas, una de ellas uno de los más grandes maestros de arquitectura del mundo y, ciertamente, del continente americano, el colombiano don Germán Samper, de 90 años de edad (88 durante las evaluaciones), no solo completamente apasionado por el proyecto ganador si no de una vastísima experiencia que ningún arquitecto costarricense tiene, y mucha de ésta vinculada a proyectos en sitios cargados de espacios, conjuntos y edificios históricos. http://es.wikipedia.org/wiki/Germ%C3%A1n_Samper_Gnecco

Don Germán trabajó con el maestro suizo-francés Le Corbusier por algo así como 9 años.

Durante las casi tres semanas de deliberaciones, el Jurado siempre tuvo claro las relaciones que los edificios de las 21 propuestas analizadas tendrían con los edificios existentes. Nuestra visión fue, sin embargo, en apoyo al proyecto que resultó ganador y, para nosotros, éste es el único que lograba armoniosamente, entre otras cosas, crear el concepto de conjunto legislativo que hoy no existe y que conlleva graves consecuencias por la ausencia de claras manifestaciones simbólicas y semióticas (valga un poco la aparente redundancia) respecto a los edificios públicos, sobre todo la Asamblea Legislativa que tal como es hoy, no proyecta ningún valor acerca de nuestra Democracia. Si bien son viejos (ni tanto, solo en luz de nuestra joven historia), su valor se limita a que representan algo de nuestra memoria histórica pero no hablan de nuestros valores políticos (a menos que uno profundice en teorías semióticas y construya explicaciones basadas en nuestra forma política de vida a lo largo de los tiempos durante los que se construyeron esos edificios (por ejemplo, la de la Casa Rosada, que era una casa de un rico de su época o el Castillo Azul que fue residencia del embajador de Estados Unidos o el mismo plenario que fue diseñado más bien para ser la casa presidencial).

Como en todo, siempre habrá diversidad de opiniones y de visiones y eso es parte integral de una sociedad abierta y democrática. En este caso, nos tocó a siete personas valorar, con justicia y de forma absolutamente objetiva, pero también apasionada, todas las propuestas y recomendar el proyecto que para nosotros debería ser el que se construyera. Añado una cosa más: nuestro trabajo no remató en una votación. Al final de las casi tres semanas de evaluaciones, cada miembro del Jurado calificó cada proyecto en forma individual y privada, y luego el Secretario Técnico del Jurado (que no tenía ni voz -ésta era limitada asuntos técnicos del proceso del concurso- ni voto), ponderó, también en privado, las calificaciones de cada uno de los miembros del Jurado. Así que, para la historia, el proyecto ganador no ganó por votación (es decir ni 7-0, ni 4-3 ni nada por el estilo) y, tampoco hubo segundos ni terceros lugares como he oído por ahí (ni ningún lugar en específico) como en otros concursos, si bien todos los proyectos tuvieron puntuaciones, unos más otros menos.

Este concurso, que he sido uno de los más aferrados defensores de los concursos democráticos de diseño en contra de los concursos de antecedentes por licitación pública, anti democráticos para mi, (que, hasta donde yo se, no han llenado a Costa Rica de gran arquitectura), ha sido el más transparente y justo de todos en nuestra corta historia. Es más, ya públicamente me he declarado “culpable” de que se haya llevado a cabo este concurso, pues hace varios años, cuando en la Asamblea surgió la absurda ocurrencia de llevarse al Congreso no solo a un insípido edificio comercial si no fuera del centro cívico de la capital, escribí un fuerte artículo en La Nación que, por dicha, fue leído y escuchado por muchas personas.

Agradezco, desde luego, a todos aquellos amigos míos en FB, que se animen a leer esta diatriba mía de hoy domingo. ¡Abrazos!

Arq. Álvaro Rojas, Presidente del Jurado
Concurso Arquitectónico,
Proyecto de la Asamblea Legislativa

FOTOGRAFÍAS DEL EDIFICIO DEL INSTITUTO NACIONAL DE SEGUROS Y DE LA CASA AMARILLA (Patrimonio) DE LA ARQ. SYLVIA FOURNIER.

Las referencias comparativas resultan tan contundentes, (y no son las únicas) como el hecho incontrovertible de que: “la Arquitectura de hoy es la fuente de la que se nutrirá el Patrimonio del Futuro” (ASV)