Es, literalmente absurdo, cuánto estamos viviendo…
¿Cómo podemos aceptar como “irreversible”, la situación en la que estamos estancados, derivada de la discusión de este Plan Fiscal, (con el que será imposible aumentar la recaudación, si la economía costarricense sigue desacelerándose, asfixiada por la ineficiencia, por los costos y por el ridículo exceso de trámites) y la argumentación de que el problema lo ha causado la defraudación de los empresarios, sin mostrar ningún indicio de sensatez y mesura, por parte de las autoridades gubernamentales, para demoler el despilfarro, el descontrol y la corrupción que carcomen a todo el aparato estatal y explorar una solución más apropiada…?
Cualquier economista o aspirante a serlo, debería conocer la “Curva de Laffer” (basada en el Teorema de Rolle) y, muy parecida a la famosa “Curva de Gauss”), según la que, “si la carga impositiva aumenta, la recaudación tenderá a decrecer”…
A modo de ejemplo, he dibujado su gráfica simplificada así…
Curva de Laffer
Como se reseña en Wikipedia, “La característica más importante de esta curva reside en que indica que cuando el tipo impositivo es suficientemente alto, si se sube aún más, los ingresos recaudados pueden terminar disminuyendo. La disminución de la oferta del bien reduce hasta tal punto los ingresos fiscales que la subida del tipo impositivo no compensa la disminución de la oferta. Este fenómeno se denomina efecto Laffer, en honor al economista Arthur Laffer que hizo este gráfico a principios de la década de 1980. Una menor tributación puede, si la economía se encuentra en el lado ascendente de la curva, aumentar la recaudación porque:

  • Incentivará la actividad, incluso empresas extranjeras podrán plantearse instalarse en ese país. De otra forma esta recaudación no se produciría.
  • Aumentará consumo debido al aumento de la renta.
  • Detraerá parte de la economía sumergida y el fraude.”

En esta misma página, al respecto se mencionan varios ejemplos muy reveladores, uno de ellos, relativo a Canadá:

Entre 2002 y 2012, el tipo aplicado en el Impuesto de Sociedades de Canadá pasó de niveles cercanos al 40% a tasas ubicadas en el entorno del 25%. Esta rebaja fiscal no se tradujo en una merma de ingresos, sino que mantuvo la recaudación por encima del 2,5% del PIB, con varios años superando la barrera del 3%.
Los niveles de recaudación de Canadá en 2015 son muy superiores a los observados entre 1982 y 2002, dos décadas a lo largo de las cuales la fiscalidad aplicada a los beneficios empresariales se situaba en tasas superiores al 40%.
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​El resumen menciona muchos otros casos y en todos se concluye, como se refiere el economista de la Escuela Austriaca J.R. Rallo Julián:

(…) De entrada, es evidente que la curva de Laffer sí es cierta: su veracidad sólo necesita de la existencia de un tipo impositivo que maximice la recaudación y de que ese tipo impositivo no sea el 100%. Al final, lo que nos dice Laffer es, simplemente, que la recaudación no es una función lineal de los tipos impositivos debido a que éstos, si bien influyen positiva y directamente sobre los ingresos fiscales, también lo hacen negativa e indirectamente por la vía de aniquilar bases imponibles. Quizá el asunto se entendería mejor si, en lugar de “curva de Laffer”, habláramos de “punto de saturación de Laffer”: aquel tipo impositivo cuyo incremento es incapaz de aumentar adicionalmente la recaudación.

Lo anterior debería ser suficiente para detenernos a analizar, desde una perspectiva “multidimensional” e integral, que la verdadera solución al problema fiscal del país, no se resuelve aumentando la carga impositiva, siguendo el  “pensamiento lineal”, con un Céteris Paribus peligrosísimo.
Coincidimos en que el déficit fiscal es un problema crítico; no obstante, es evidente que si la economía no se reactiva, no se acelera, no habrá forma de reducirlo y, menos, en las actuales condiciones, ni siquiera se podría detener su crecimiento exponencial.

No permitamos que la “medicina sea peor que la enfermedad“. Ésto es especialmente válido al recurrir a formas de presión como las manifestaciones populares o las huelgas. El ambiente está muy tenso y podría derivar en una situación incontrolable que todos terminaremos por lamentar, con un costo social sin precedentes y sin que se llegue a solucionar el problema, provocado como todos sabemos y sufrimos por el exceso de lastre que nos impide avanzar…